La normativa educativa andaluza: un motor para la mejora. El ROC.

Hablar de legislación en Educación es, casi, mentar la soga en casa del ahorcado. A fuerza de nuevas leyes con cada cambio del partido en el gobierno, y de falta de responsabilidad y de acuerdo entre ellos, los docentes hemos perdido la confianza en la capacidad de los políticos para ayudar en un terreno que, en cualquier país civilizado, está fuera de la batalla entre siglas. Es obligada la mención de Ángel Gabilondo como el honroso ejemplo que se exceptúa de la afirmación anterior.
Quizás sea esta la razón por la que está extendida la impresión de que la normativa es un obstáculo para la mejora de la escuela; también la creciente burocratización de nuestro trabajo. Pero quizás una lectura atenta de distintas órdenes y decretos de la Consejería de Educación de Andalucía pueda hacernos revisar esta posición. 
Empecemos por el Reglamento Orgánico de los Institutos de Educación Secundaria, el R.O.C., marco legal primordial en la E.S.O. andaluza,  que con su aparición en 2010 supuso una oportunidad para renovar el Plan de Centro de cada IES y que proporciona un marco de amplia autonomía a los centros para promover estrategias que persigan el éxito escolar de su alumnado a partir de un Proyecto Educativo propio. Basta echar un vistazo al organigrama del IES Ítaca para ver un ejemplo concreto. Hablamos de autonomía real no de una autonomía formal plagada de mecanismos de control por parte de la administración.  Se podrá apelar que en el día a día se producen decisiones  y recortes que limitan la potencialidad de dicho marco y que ralentizan el ritmo al que se pueden alcanzar de hecho los objetivos establecidos; pero disponer de un texto legal de esta relevancia que respalda el desarrollo de proyectos innovadores es un avance real en la dirección correcta.
Que se ponga en primer plano el carácter de servicio público de nuestra labor, subrayando la importancia de la cultura de la evaluación, de la calidad e innovación educativa y de la rendición de cuentas mediante controles sociales e institucionales, es un recordatorio muy oportuno que no debería pasar desapercibido en la segunda página del ROC. Sobre este carácter descansan, entre otras, las fuerzas de nuestras reivindicaciones y el apoyo social a nuestro colectivo, no tan extendido como nos gustaría. Evaluar lo que hacemos y rendir cuentas son hábitos pendientes de adquirir en Educación que podrían ayudarnos mucho si los aplicamos con sentido.
La creación del Departamento de Formación, Evaluación e Innovación Educativa me parece la novedad más positiva que ha ocurrido en enseñanzas medias en los veinticinco años que llevo en ella (la LOGSE merece una reflexión aparte). Es un instrumento clave para integrar los procesos de cambio e innovación orientados a la mejora de los resultados en la vida diaria de los centros. Y que exista en cada I.E.S.  un plan de formación del profesorado conectado al Proyecto Educativo y a la actividad en el aula los sitúa de golpe en el siglo XXI. Gracias al D.FEIE la afirmación de Stenhouse, son los profesores los que van a cambiar el mundo de la escuela, comprendiéndolo, adquiere toda su dimensión real. Como es lógico, si la jefatura de este departamento se asigna bajo criterios aritméticos para cuadrar las horas del profesorado, o si el Equipo Directivo no apoya  decididamente sus iniciativas, por poner un par de ejemplos, los ambiciosos y muy interesantes objetivos que la normativa prevé para él quedarán al albur de la composición del Claustro.
Que el E.T.C.P. pueda debatir y aplicar directrices pedagógicas comunes para todo el centro, con la correa de transmisión bidireccional que son las coordinaciones de área, convierten a este órgano en un dinamizador esencial de la actividad académica del centro para defender al profesorado del óxido y la roña de la famosa pátina del tiempo. A ello ayudaría que las reuniones fueran semanales y matutinas para asegurarnos la fluidez del proceso. Pero la ley no nos obliga a nada de lo anterior: también podemos limitarnos a convertirlo en un órgano burocrático sin ninguna influencia real en las programaciones,  la evaluación o el desarrollo de las competencias básicas.
Contemplar la participación de las familias en la vida escolar como hace el R.O.C. es clave para afrontar la complejidad de los retos que el desarrollo de los jóvenes nos plantea; son de tal magnitud que su ayuda es fundamental. Y que las AMPAs puedan inscribirse en el Censo de Entidades Colaboradoras de la Enseñanza nos proporciona oportunidades muy interesantes de cara a la configuración de una sólida comunidad escolar. Tenemos ejemplos que funcionan hace tiempo.
Que el punto 2 de los derechos del profesorado consagre la legitimidad de emplear los métodos de enseñanza y aprendizaje que se consideren más adecuados al nivel de desarrollo, aptitudes y capacidades del alumnado, de conformidad con el proyecto educativo del instituto puede ser un  eficaz asidero para protegerse de intromisiones profesionales que pueden llegar desde distintos frentes. Muchos docentes que han emprendido el largo y tortuoso camino de la innovación educativa saben a que me refiero.
Y a la vez que el principio de colaboración y de trabajo en equipo del profesorado figure como el punto 2 de sus deberes apunta a  una de las grandes urgencias de los I.E.S.  Cuántas veces hemos comprobado que en cuanto nos ponemos de acuerdo en la consecución de un objetivo y vamos todos a una cae como fruta madura en tiempo récord.
Como consecuencia de esta filosofía el papel de los equipos docentes es destacado. Subrayaría el punto 4 del artículo 83 que propone el trabajo coordinado, y el punto 5 que habla de la  inclusión de sus reuniones en el horario general del centro. Si el equipo educativo de cada grupo se reuniera semanalmente podría hacerse un seguimiento estrecho de la evolución del alumnado, no tendríamos que esperar a las evaluaciones iniciales para detectar las dificultades y se podrían tomar decisiones con mucha más agilidad. Estoy convencido de que los beneficios serían obvios a corto plazo.
En esta misma dirección también está contemplada la realización de programaciones didácticas agrupando las materias de la ESO en ámbitos, e incluso la realización de trabajos interdisciplinares que impliquen a varios departamentos de coordinación didáctica, en el punto 5 del mismo apartado.
Por otra parte, incorporar al funcionamiento del centro el ciclo de la planificación, la autoevaluación, y las propuestas de mejora que se incorporan a la planificación para hacer de la mejora una rutina deseable, es un reto que hasta la llegada del ROC pocos centros se planteaban. Otro es dotar del máximo sentido posible este proceso y extirparle todo el carácter burocrático que le sobre. Podemos personalizarlo además contemplando los indicadores de evaluación que establezca nuestro D.FEIE.
También me parece muy interesante la posibilidad de desarrollar un Proyecto educativo conjunto con los CEIP adscritos  que podría llevar a un nivel aun más alto la mejora de resultados, con los que la acción coordinada también ocupa un espacio importante.
No me extiendo más y termino cono una frase de Marina: la inteligencia se despliega en la acción. Ahora hemos de convertir en realidad todos estos principios; pero creo que es una suerte que la administración educativa ya los haya publicado en el B.O.J.A. Corríjanme si lo ven de otra manera.
Para otra entrada dejamos reflexiones sobre la orden de Evaluación en Secundaria, el Decreto de Formación del profesorado o la orden que desarrolla el curriculum Secundaria en Andalucía; son otros textos que también merecen atención.


José María Ruiz Palomo

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