La normativa educativa andaluza: la evaluación del alumnado

Uno de los temas más controvertidos en nuestro trabajo es la evaluación del alumnado. Creo que en cada centro deberíamos abordar un debate profundo sobre cómo evaluamos y con qué objetivos porque ello determina en gran medida cómo aprenden nuestros estudiantes.
Miguel Ángel Santos Guerra va más allá: "Dime cómo evalúas y te diré qué tipo de profesional y de persona eres", dice. Realmente lo mejor que podríamos hacer todos ahora mismo es ponernos a leer a Santos Guerra y dejar este artículo, que yo debería finalizar aquí. A lo sumo me restaría recomendar la lectura de El adarve, su blog.
Pero como soy bastante osado y además tengo el empeño de mostrar que la normativa que regula nuestra actividad docente en Andalucía ofrece grandes posibilidades para mejorar la escuela voy a añadir algo más. Voy a copiar algunos fragmentos de la Orden de 10 de agosto de 2007 por la que se establece la ordenación de la evaluación del proceso de aprendizaje del alumnado de ESO en Andalucía; creo que merece la pena refrescar la memoria.

Dice el segundo punto del artículo 2 que la evaluación será continua en cuanto estará inmersa en el proceso de enseñanza y aprendizaje del alumnado con el fin de detectar las dificultades en el momento en que se producen, averiguar sus causas y, en consecuencia, adoptar las medidas necesarias que permitan al alumnado continuar su proceso de aprendizaje. 
O sea que tenemos la responsabilidad de evaluar para que el alumnado siga aprendiendo. Que limitarnos a indicar con una cifra quién llega al listón que hemos fijado es insuficiente, es decir, estaríamos suspensos como docentes. Si la evaluación no ayuda al alumnado entonces no sirve el instrumento ni la estrategia que estemos empleando, sea el que sea; porque de esto trata nuestro trabajo, de conseguir que el alumnado aprenda y tenga éxito en la escuela. Aunque tengamos la desgracia de contar con un entorno desfavorable: una arraigada incapacidad cultural para anteponer los intereses individuales a los colectivos, una coyuntura laboral irritante, medios de comunicación  y publicidad que ejercen una pésima influencia sobre los jóvenes, ausencia generalizada de valores mínimos de ética cívica, algunas familias con poca sensibilidad por la Educación, ...

Igualmente obvio es que para ayudarles tendremos que averiguar qué obstáculos dificultan su aprendizaje. El punto 5 de este mismo artículo nos dice que la evaluación tiene que servir para ello: La evaluación tendrá un carácter formativo y orientador del proceso educativo y proporcionará una información constante que permita mejorar tanto los procesos, como los resultados de la intervención educativa.  Creo que dedicamos poco tiempo a indagar con rigor las causas de estas dificultades y el modo de superarlas; y cuando las descubrimos, lo que no ocurre siempre, puede haber pasado tanto tiempo que las consecuencias académicas no sean fáciles de reparar. Todo apunta a que con la LOMCE el margen de error que vamos a tener será mucho menor.
Por esto, voy a insistir en una idea ya comentada en una entrada anterior: los equipos educativos de cada grupo deberían reunirse con mucha mayor frecuencia para detectar posibles dificultades del alumnado, para tomar decisiones colegiadas,  para hacer un seguimiento estrecho de las medidas acordadas y para coordinar la acción docente del equipo. Los pasillos, los cambios de clase y algunos recreos no son suficientes. Si en un centro hay muchos grupos podrían centrarse, por ejemplo, en el primer ciclo de la ESO; hay que pensarlo y acordarlo. Y elegir a qué hora nos reunimos; para que las reuniones fueran matutinas incluso podrían trasladarse a la tarde actividades menos trascendentales que esta, en mi opinión. La experiencia de los últimos tres años con reuniones por la mañana ha sido muy positiva por la incidencia en las cuestiones que se abordaban.
Una aclaración sobre el tiempo que dedicamos al alumnado: hay compañeros que dedican no pocos de sus recreos a ayudar a quien se lo pide; otros lo hacen por las tardes y, cada vez somos más los que lo hacemos virtualmente. Pero como tantas otras iniciativas ejemplares estas dependen de la voluntad del profesorado.
Cabe hacerse una pregunta; sabiendo que nuestra vida laboral es mucho más gratificante cuándo el alumnado tiene menos dificultades ¿por qué no invertimos esfuerzos que a medio plazo nos beneficiarían a ellos y a nosotros? Fernando Trujillo la formula de otra manera: ¿no deberían las escuelas establecer mecanismos que tuvieran como objetivo el éxito de todo el alumnado? Ojo, esto no significa aprobar a todos a cualquier precio; sería una estafa sin sentido, especialmente imperdonable en un país con estafadores profesionales por doquier.
La respuesta común a estas preguntas es que son muchos; demasiados. Pero si la ratio nos disuade y no afrontamos esta necesidad el resultado se parecerá a un sálvese quién pueda entre el alumnado, que los itinerarios escolares explícitos o implícitos se encargarán de sancionar con el tiempo. Creo que lo lógico en estas circunstancias es buscar refuerzos; y seguro que los primeros que estarían dispuestos a ayudarnos para individualizar la atención del alumnado son sus familiares. Quizás por ello, el punto 12 abre la puerta a la participación del alumnado y de las familias en la evaluación: los proyectos educativos de los centros docentes establecerán el sistema de participación del alumnado y de sus padres, madres o tutores legales en el desarrollo del proceso de evaluación.
Otro día hablaremos de las Comunidades de aprendizaje.

Para conseguir que la evaluación mantenga activo el motor del aprendizaje hemos de integrarla en la actividad diaria; está dicho en el punto 2. Para evitar una excesiva extensión de esta entrada enlazo una reflexión antigua sobre cómo puede llevarse a la práctica esta idea. No debe estar separada la evaluación del aprendizaje. Por si os sirve, a mí me ayudó mucho leer 10 ideas clave. Evaluar para aprender, de Neus Sanmartí.

Y mientras no entre en vigor normativa nueva que nos diga lo contrario para la E.S.O., la idea de un rasero único para medir el rendimiento de todo el alumnado queda circunscrita a la P.A.U. gracias al punto 4: en la evaluación del proceso de aprendizaje de alumnado se considerarán las características propias de este y el contexto sociocultural del centro. Y el 7 todavía nos permite ir más lejos en la contextualización de los criterios de evaluación: los centros docentes deberán especificar en su proyecto educativo los procedimientos y criterios de evaluación comunes que ayuden al profesorado a valorar el grado de adquisición de las competencias básicas y de los objetivos generales de la etapa y faciliten la toma de decisión más adecuada en cada momento del proceso evaluador.
Tengo la esperanza de no tener que tachar el párrafo anterior dentro de poco en una futura actualización de esta entrada como consecuencia de alguna novedad legal; crucemos los dedos.

Uno de los tópicos más extendidos en la E.S.O., y motivo frecuente de controversia, es que debemos evaluar al alumnado con exámenes. Dice el punto 6 del artículo 2: el profesorado llevará a cabo la evaluación, preferentemente a través de la observación continuada de la evolución del proceso de aprendizaje de cada alumno o alumna y de su maduración personal, sin perjuicio de las pruebas que, en su caso, realice el alumnado. En coherencia con la filosofía de esta orden, los exámenes serán un instrumento de evaluación más que podremos utilizar. Aunque sus limitaciones son obvias si hemos  de integrar la evaluación en la actividad diaria; la jornada escolar necesitaría unas cuantas horas extra si evaluáramos principalmente con exámenes. Aunque no es momento de extenderse sobre las posibles alternativas, sí mencionaré la rúbrica o el portafolio como algunas de las más usadas. Tuve el privilegio de escuchar a Daniel Sánchez en una sesión muy interesante sobre la evaluación en al Aprendizaje basado en proyectos que comparto aquí.

Y ahora os toca a vosotros; como se trata de un tema en discusión permanente, estaré encantado de leer vuestras opiniones.


José María Ruiz Palomo

10 comentarios:

  1. Siento mucho decepcionarte, José María, pero estoy totalmente de acuerdo contigo ;-).
    Mientras sigamos viendo la evaluación como la "vara de medir" y clasificar al alumnado, "mal vamos".
    Mientras el alumnado no participe en su propia evaluación, ésta siempre será sesgada.
    Mientras no evaluemos (alumnado, familias, profesorado) todo el proceso educativo no podremos mejorarlo sustancialmente.
    Y sí, la normativa no solo nos permiten estas acciones sino que leyéndola detenidamente nos obliga a ello. Y no creo que los cambios legislativos que vengan cambien mucho en eso.
    Así que... siento decepcionarte ;-)

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    1. Me alegra mucho tu desacuerdo, Juan ;-)
      Como comentaba Lola Urbano ayer en Facebook la naturalidad con la que muchos profesionales ignoran la normativa vigente en Educación es llamativa y preocupante; particularmente en temas tan cruciales como la evaluación, añado yo. No se trata de hacer revoluciones, pero sí de ir dando pasos en la dirección que marcan textos legales que, como este, ya tienen siete años de antigüedad.
      Ojalá no se produzcan cambios legales que alteren en profundidad la idea que propones, que es la clave: cuando todos evaluamos el proceso completo los resultados son mucho más ricos. La LOMCE muestra un afán por los tests y por la separación temprana del alumnado que choca de frente con la filosofía. Aunque la esperanza de que en Andalucía se ofrezca toda la resistencia posible a este tipo de cambios también está ahí.
      Gracias por tu comentario.

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  2. Gracias, José María por tus reflexiones veraniegas, Nos estimulan. Te dejo el comentario hecho en Facebook:
    Existe un problema fundamental: separar evaluación y aprendizaje. Y de ese problema se derivan todos los demás. Hacemos exámenes porque no dominamos bien otros instrumentos (no nos sentimos seguros con otros) y porque llega un momento en que hay que poner una nota. Como no vamos valorando a lo largo de la evaluación, en el día a día, llega un momento que necesitamos un dato y ponemos un examen. Si entendiéramos que valoramos(evaluamos)siempre en el aula no necesitaríamos hacer exámenes convencionales puntuales para poner una calificación. Porque ¿es un examen que vean un vídeo, lo resuman, planteen preguntas sobre él y busquen información relevante sobre el tema?,¿es una examen que sobre un texto de la materia lleguen a conclusiones en grupo?, etc...Precisamente, como sabes, en mis entradas de INED21 planteo este tema y alternativas ya planteadas y testadas. Hay que animarse, porque otra evaluación es posible.

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    1. Muy cierto Manuel Jesús; tú lo has comprobado en numerosas ocasiones. Y creo que para hacer viable la alternativa que planteas, ayudaría mucho cambiar al docente de sitio dentro del aula. Si seguimos instalados frente a ellos será más difícil que aprendan a autorregular su aprendizaje y hacerse autónomos. Como dice Elena Martín en "La competencia de aprender a aprender" este es un proceso que tienen que abordar juntos el docente y el discente. http://www.lecturalia.com/libro/17373/competencia-para-aprender-a-aprender
      Muchas gracias por tu comentario.

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  3. Hola, José María. Como sabes por fuentes directas, creo que el mejor modo de evaluar de forma integral (autoevaluar, coevaluar) pasa por convertir el aula en un laboratorio de investigación y un taller de prácticas sociales relevantes. Los aprendices pueden aprender a través de la tarea misma de evaluación, si realmente implica una reflexión que conecta espacios mentales (no mera memorización) y una metacognición sobre el proceso de su aprendizaje: en qué parte del proceso puedo mejorar. A mí modo de ver, la mejor herramienta es el portafolios, el cual incluye un diario de aprendizaje, un semanario de investigación (preguntas y respuestas relevantes), un relato documentado de lo que se hizo en cada proyecto, una selección de los mejores trabajos y un mapa conceptual de cada materia, al terminar el trimestre, así como un sencillo portafolios final de curso, que se basa en los trimestrales.
    Creo que sería divertido plantear una prueba modelo pseudorreválida a manera de concurso general del centro, como en las películas de Harry Potter. Se podría hacer coincidir con el cambio de ciclo. Mejor todavía si se rodean de ambiente festivo y se ordenan con reglas de fair play ;-)
    Otra cuestión a evaluar: el verano y las pruebas extraordinarias de septiembre ¿deben seguir siendo un negocio mayúsculo para academias y editoriales? ¿No puede organizarse la recuperación por proyectos, como en la famosa película, "Winter, el delfín"? :-D
    Abrazos.

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    1. Completamente de acuerdo Joaquín (qué novedad ;-)
      Un buen ejemplo de lo que planteas lo experimentamos cuando negociamos una rúbrica de evaluación con el alumnado; cuando discutimos qué criterios de evaluación serían más relevantes y qué escala tendríamos que definir.
      Y efectivamente, el portafolio es la herramienta que mejor ayuda a madurar al alumnado a la hora de afrontar su aprendizaje, a la hora de desarrollar una mirada metacognitiva.
      Me parece fantástica la idea de la pseudorreválida festiva: me pido ser Ron Weasley :-)
      En cuanto a las pruebas extraordinarias, en septiembre, en junio, o en diciembre no consigo encontrarles el sentido sin un seguimiento del alumnado; y claro, las vacaciones son un derecho laboral :-) Habrá que darle vueltas.
      Gracias por tu comentario.

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  4. Buenas. Si se me permite, ofrezco mi opinión, aunque pertenezco a Primaria con bastantes años de experiencia en el campo de la atención a la diversidad y alguno que otro en el antiguo PGS (PCPI)
    Yo creo que en la base estamos todos de acuerdo. Lo ideal es hacer una evaluación en la que valoremos de manera continuada los esfuerzos o los niveles competenciales alcanzados teniendo en cuenta el nivel del que se parte, no basarnos solo en los exámenes escritos o controles, realizar una observación de las tareas y otros instrumentos habituales que permiten un conocimiento bastante real del alumnado. Creo que esto es más claro en primaria que en secundaria, donde el número de alumnos suele multiplicarse. Por mi parte, intento aplicar tantas formas de evaluar como conozco, y estoy muy contento con los resultados generales.

    El problema viene cuando hablamos de un alumno o alumna concreto. Todos conocemos casos en los que se ha invertido mucho esfuerzo, muchas horas de apoyo, adaptaciones del material, adaptaciones en las pruebas, realización de pruebas alternativas... y la cosa no funciona. Un ejemplo concreto, alumno que presenta problemas en la resta con llevadas, por ejemplo, o en la resolución de problemas en cuarto curso o alumna que presenta un nivel de lectura silabeante en quinto curso. (ya se que esto es resumir muchísimo y que no estoy dando más datos sobre didácticas usadas, tipo de organización curricular, dispedagogías...pero está claro que existen casos como este en nuestros centros)

    Pertenezco a un claustro en el que se piden límites o niveles para aprobar o suspender y se dan razones claras. No podemos evaluar de manera que un mismo alumno pueda aprobar con unos y suspender con otros y para eso es necesario conocer lo que es un nivel mínimo de destrezas y conocimientos. Ante esto, reconozco que me quedo sin argumentos o los que utilizo no tienen el mismo peso. Procuro hacer partícipes a mis compañeros/as en la evaluación y me considero abierto a observaciones al respecto, pero es difícil. Evaluar en grupo requiere unos acuerdos sobre los niveles que se deben alcanzar.

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    1. Beni, tu reflexión me parece perfectamente válida para Secundaria. Casi en cada sesión de evaluación surge el debate sobre cómo un alumno que alguien ha suspendido puede aprobar otras asignaturas para las que suya debería ser instrumental y por tanto impedir el aprobado. Mi opinión es que, sin abordar una reflexión colectiva y profunda en todo el centro, sería un milagro que fuéramos coherentes en nuestras evaluaciones como equipo. La coordinación no se nos da bien; admitamos que es trabajosa.
      En cuanto a la existencia de casos con los que no se consiguen resultados estoy completamente de acuerdo; hay algunos con los que no tenemos la capacidad de encontrar esa resorte que cada estudiante (cada persona) tiene para hacerle reaccionar. A veces es una cuestión de recursos; las grandes necesidades que puede llegar a tener el alumnado en algunos casos pueden llegar a desbordarnos. No podemos ser tan ingenuos como para negarlo.
      Un último comentario respecto a que el alumnado sea evaluado de forma diferente por distintos docentes. Yo he apoyado la titulación de alumnos de 4ºESO que tenía suspensos en Informática porque los consideraba maduros para aprender mi materia en cualquier momento. Cuándo quieran hacerlo es su decisión, no la mía; pero impedir que avanzaran en su trayectoria académica me parecía absurdo. Eso sí, en el boletín de notas la Informática aparecía suspensa; no tiene sentido engañarles ni engañarnos.
      Muchas gracias por tu reflexión, Beni.

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  5. Telegráficamente. Gracias por vuestras reflexiones, veo que la preocupación es común. Un claustro reflexionando de ante mano sobre esto, difícil. Un equipo educativo, difícil. No nos leemos las leyes hasta que hacen falta para ver como lidiamos con la contingencia. Propones algo en tu departamento, ¿pa qué? y tó pa ná. Objetivo de la programación: dejar claro cómo nos vamos a defender en caso de problemas. Cuando haces una evaluación global (punto de partida, evolución, compromiso, puntualidad, participación, ejercicios entregados, tests realizados, proyectos entregados, proyectos, ejercicios y tests autocorregidos), todo va bien mientras la conclusión sea positiva. Cuando es negativa, protesta hasta el libro de texto y ahora lidia con inspección y con todo dios que tenga voz. ¿Pa qué?. Pa ná. Conclusión: cambias tu opinión y todo solucionado.
    Septiembre: cuadernillo de actividades que resumen el curso, se entrega y se aprueba.
    Un saludo, desde Puerto Real, Cádiz.

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    1. Manuel, he tenido la experiencia que describes en demasiadas ocasiones; así que comparto completamente tus palabras. Todas las que expones son razones que justifican la búsqueda de actitudes y estrategias distintas ante la evaluación del alumnado y ante la nuestra. En este nuevo centro vamos a intentar encontrar otras respuestas a esta cuestión, que tengan sentido para nosotros. Y las iremos compartiendo para poder leer vuestra opinión.
      Muchas gracias por tu comentario.

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